Cuando hablamos de privacidad nos estamos refiriendo, tal y como recogen distintos diccionarios o la Wikipedia, a la parte más profunda e íntima de una persona sobre la que se tiene el absoluto derecho de protección.

Podemos no ponernos de acuerdo en lo que es exactamente ámbito privado. Lo que para una persona de 70 años es absolutamente privado puede no serlo para un adolescente de 15, o incluso al revés. Pero lo que está fuera de toda duda es que todos tenemos una parte de nuestra vida que queremos preservar, mantener en privado (o en un círculo de confianza) y apartar del acceso del resto de la humanidad.

DEBEMOS ser conscientes de que en la red todo permanece para siempre

Sin embargo, desde la llegada de las redes sociales, ese concepto ha pasado a un segundo plano. O, al menos, lo parece. Tan solo hace falta darse una vuelta por cualquier muro o timeline de una red social para darnos cuenta de ello: amigos, conocidos o perfectos desconocidos, compartiendo absolutamente de todo sin ningún tipo de pudor. Desde lo que están comiendo hasta dónde están en este preciso instante, pasando por cualquier situación que se nos pueda ocurrir, sin importar que sea más o menos íntima.

El postureo y la tiranía de los likes hace que la sociedad parezca que se ha vuelto loca y se lance a presumir y aparentar con tal de ser los más populares, sin importar si en el proceso exponemos temas que de otro modo jamás haríamos públicos.

Tenemos que ser conscientes de que, en la red, todo permanece para siempre. De que, una vez le damos a enviar y lanzamos un contenido a internet, perdemos el control sobre ella completamente. Aunque pretendamos que solo llegue a unos pocos destinatarios, puede viralizarse porque no podemos controlar lo que van a hacer esos destinatarios con ese contenido.

Incluso aunque borremos la publicación original, siempre va a haber quien ya la haya compartido, quien haya hecho una captura o se haya guardado una copia… y aparecerá cuándo menos lo esperemos o menos nos convenga.

No es la primera vez, ni será la última, que una foto inicialmente “inocua” de un grupo de chicas en bikini por ejemplo, tras el conveniente trabajo de edición y retoque, acaba promocionando una web pornográfica en el otro extremo del mundo.

La evolución de la privacidad del mudo físico al mundo conectado

Porque es que, además, en el mundo digital en el que vivimos, todo está interconectado, todo está en la red. Tenemos toda nuestra vida en internet, hacemos nuestras compras en internet; ya prácticamente no pisamos las agencias de viajes o las sucursales bancarias; estudiamos y trabajamos en la red; pedimos consultas y compramos medicamentos por internet; guardamos nuestras fotos y videos en la nube; almacenamos toda nuestra actividad física y de salud, nuestra información bancaria y fiscal; por supuesto, nuestros gustos, nuestras aficiones, nuestras fobias, nuestras costumbres….

Debemos, por tanto, ser conscientes de la cantidad de información que existe sobre cada uno de nosotros en internet y tomar las medidas de precaución necesarias para, por un lado, minimizar esa información y, por otro, tratar de que no sea demasiado sensible, de que no nos pueda suponer un problema que sea pública o que pueda trascender a los demás.

FaceApp no hace nada que no hICIERA YA Facebook, Google o cualquier otra  aplicación que usamos a diario

Porque el problema es que a toda esta información personal que ya de por sí existe en internet por el mero hecho de usar estos servicios, estamos añadiendo voluntariamente cantidades ingentes de otro tipo de información que no aporta nada ni es necesaria en absoluto y que hacemos pública por el mero hecho de aparentar.

Estamos cansados de ver en redes sociales fotos de gente en la playa, contemplando una puesta de sol o disfrutando de una cena con unas vistas espectaculares, por citar unos pocos ejemplos. Y eso, al margen de no aportar nada más que vanidad y egocentrismo, lo único que está diciéndole al mundo es que esas personas están a un día de distancia de sus domicilios y que, por tanto, estos están vacíos.

Sobreexposición: ¿es realmente necesario compartirlo todo?

Como además, seguro que ya han publicado en algún momento dónde viven o una foto de su casa o publican con la geolocalización activada, ya solo queda haberles dejado a los amigos de lo ajeno las llaves debajo del felpudo.

Es solo un caso muy típico y muy común, pero resume perfectamente el mensaje que pretendemos transmitir: no hace falta compartirlo todo. Ya hay suficiente información personal nuestra en internet como para tener que aportar más que nos sitúe, que nos posicione, que nos sitúe en una corriente de opinión concreta, que nos identifique…

Estos últimos días ha habido un revuelo importante a nivel mundial por FaceApp, esa aplicación que nos pone de golpe y porrazo 30 años encima. Todo el mundo llevándose las manos a la cabeza por los permisos que se le dan a la aplicación, el acceso que tiene a nuestra información personal y lo que puede hacer con ella.

Y está bien que se haga esa reflexión y que la gente empiece a ser consciente de estas cosas relacionadas con la privacidad. Pero con todo. FaceApp no hace absolutamente nada que no haga Facebook, Google, Apple, Microsoft o cualquier otra empresa o aplicación cuyos servicios utilizamos a diario. Nada. Es más, incluso su política de privacidad y aviso legal es mucho más clara y transparente que la de Facebook, por ejemplo. Pero de Facebook nadie dice nada. Ni de Instagram, o WhatsApp o cualquier otra red.

Cuida lo que haces en internet. Recuerda que, en la red, eres lo que publicas. Cada vez más.

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