Pasamos cada vez más horas conectados a internet y usando nuestros dispositivos. De hecho, durante el confinamiento los usuarios españoles pasamos una media de 79 horas a la semana conectados a internet, según el informe “Digital Consumer 24 hours Indoor” de Nielsen y Dynata. Más de 11 horas al día. Datos que suponen un aumento del 7% respecto a los datos habituales (que tampoco se quedan atrás). En cualquier caso, esto supone el 47% de nuestro tiempo conectados a la red, haciendo todo tipo de búsquedas, compras, en redes sociales… Pero, sea lo que sea que hagamos, estamos dejando un rastro de datos personales. Hacer lo que esté en nuestra mano por tener una navegación lo más segura y privada posible es muy importante.

Contamos con mecanismos que pueden ayudarnos a mejorar la seguridad y la privacidad de nuestra información en internet, como son las soluciones de seguridad que podemos instalar en nuestros dispositivos. Pero también es muy importante tener en cuenta nuestras propias acciones, así como la configuración de las herramientas que usamos para conectarnos a ella, dónde introducimos nuestros datos o cómo los protegemos. 

Las cookies y otras migas de pan… ¿Qué saben de mí? 

Para los usuarios de internet ya no es un secreto que los navegadores y los sitios web que visitamos obtienen información sobre nosotros. Para empezar, porque todos los sitios web están obligados a notificarlo. 

Las famosas cookies no son más que pequeños ficheros que los sitios web instalan en nuestros dispositivos cuando nos conectamos a ellas. Estas piezas de información contienen datos sobre nuestras preferencias de navegación, de esta forma, la próxima vez que visitemos esa web se cargará más rápido. 

Las cookies por sí mismas no son intrusivas necesariamente, ni tienen por qué afectar a nuestra privacidad siempre que se usen adecuadamente y con la intención antes mencionada. En cualquier caso, estas cookies se pueden borrar o deshabilitar. Pero no son las únicas huellas digitales que afectan a la privacidad en la red, de hecho, no guardan información que pueda identificarnos, como tal. Hay vida más allá de las cookies. Técnicas de rastreo más complejas (e invisibles).

Sin ahondar en sus características técnicas, algunas de ellas son el fingerprinting (un procedimiento mucho más preciso para identificar navegadores y trazar la actividad online), el píxel de seguimiento (un método usado especialmente por Facebook) o archivos JavaScript que identifican al usuario. La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) advierte sobre el uso de algunas de estas técnicas. 

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¿Se puede evitar el rastreo de los navegadores y buscadores?

Algunos usuarios usan el modo incógnito o privado de los navegadores con el fin de evitar estos rastreos, pero esa no es su función. Esos modos están pensados para no dejar rastros en el historial de los equipos o guardar contraseñas, es útil normalmente cuando son usados por varias personas. 

Por otro lado, la mayoría de los navegadores que usamos habitualmente empezaron a incorporar hace años opciones de no rastreo (Do Not Track). Si se activan, el usuario está solicitando a los sitios web que visita que no obtengan ninguna información. 

Sin embargo, esta configuración ha sido objeto de polémica desde hace tiempo, fundamentalmente porque los propios sitios web admitían que no respetaban esta opción aunque estuviese activa. 

Como alternativa, existen extensiones para los navegadores que permiten bloquear rastreadores. Una de ellas es Privacy Badger, desarrollada por la Electronic Frontier Foundation. 

Algunas soluciones de seguridad antimalware cuentan con mecanismos que pueden detectar piezas de software malicioso aún más dañinas, como el spyware

Tenemos la opción también de usar buscadores que permiten la opción de hacer búsquedas privadas y bloquean los rastreadores, el más popular es Duck Duck Go. Firefox ha incorporado funciones contra el rastreo en sus últimas versiones.

El uso de una VPN (Virtual Private Network) nos ayudará también. Una herramienta que nos permite aumentar la privacidad del tráfico de nuestras comunicaciones. Es además de especial interés cuando estamos navegando a través de una red wifi abierta o gratuita. 

«Debemos cuidar y proteger nuestras contraseñas, que son nuestras llaves digitales. Solo así podrán proteger nuestra información en internet» 

El factor clave 

Cuando hablamos de navegación segura no podemos olvidar un aspecto fundamental, como son las contraseñas. Habrás oído ya eso de que debe tener como mínimo ocho caracteres (hay expertos que lo suben a diez e incluso doce caracteres), números, mayúsculas, minúsculas y símbolos. 

Algunos servicios y plataformas de internet nos complican esa tarea, pero lo importante es llevar un registro de todos los servicios, sitios web, redes sociales, etc. en los que hemos creado unas credenciales. 

Y por supuesto, que cada una de esas contraseñas sea única. Debemos cuidar y proteger nuestras contraseñas para que estas puedan proteger nuestra información en internet. Al fin y al cabo, estas son nuestras llaves digitales. 

Contar con herramientas como un gestor de contraseñas puede ser de utilidad para no tener que recordar tantas claves y que nuestra navegación sea más privada. 

Pero la diferencia entre una credencial segura y otra más insegura está en el doble factor de autenticación, o autenticación de múltiples factores. Seguro que ya lo usas en más de un servicio: cuando introduce tu usuario y contraseña te llega un SMS al móvil o notificación a una aplicación del smartphone para verificar que efectivamente eres tú. 

En plataformas de banca online, redes sociales, o sitios de comercio electrónico donde hayas introducido datos bancarios son especialmente importantes.

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La importancia de una letra

Seguramente te has fijado en que la mayoría de las URL (direcciones web) de los sitios que visitan tienen un pequeño candado a su izquierda. Esto significa que son sitios que cuentan con certificado SSL, un protocolo de seguridad que añade protección a los datos que pasan por ella. Esto transforma el antiguo protocolo HTTP en HTTPS (la “S” es de secure, “seguro”). Sin entrar en aspectos técnicos, básicamente significa que ese sitio web cuenta con una transferencia segura de datos. 

Hace tiempo que contar con un certificado así es prácticamente obligatorio, ya que de hecho los buscadores penalizan a las webs que no tienen instalados y no los posicionan en los primeros puestos.

Pero ojo, el hecho de que una web tenga la “S” no significa automáticamente que sea legítima, sino que el tráfico viaja cifrado. Los ciberdelincuentes hace tiempo que aprendieron este truco, e instalar un certificado es muy sencillo. 

De lo que sí podemos estar seguros es de que navegar por un sitio web HTTP que no haya instalado el certificado no puede ser bueno… 

Verificar la legitimidad de la web es importante especialmente en casos de phishing y de fraude de comercio electrónico. Podemos ayudarnos a verificar que ese sitio web es quien dice ser fijándonos en la URL, echando un vistazo al Aviso Legal del sitio, y contrastando la información en la red.

 

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