En estos meses de pandemia hemos visto cómo el aumento del tiempo que pasamos conectados se traduce en una mayor exposición a los peligros que se esconden tras la red. También hemos tomado nota del riesgo que implica teletrabajar o de las debilidades del sector educativo, que evoluciona hacia un modelo híbrido entre la presencialidad y la metodología online. Pero, ¿qué pasa con las infraestructuras críticas? ¿Hasta qué punto son blanco de la ciberdelincuencia?

Según el proveedor de ciberseguridad Check Point Technologies, los ataques a las infraestructuras públicas marcan una clara tendencia al alza. Así lo advierten en su informe “Incidentes de Ciberseguridad Industrial en Servicios Esenciales de España”, realizado a partir de entrevistas a representantes de operadores de cinco sectores estratégicos españoles (electricidad, gas y petróleo, agua, salud y transporte), y en el que el 75% de los encuestados señalaba el alto nivel de vulnerabilidad de los servicios esenciales.

La pandemia nuevamente ha incentivado las amenazas, siendo el sector de la salud uno de los objetivos más deseados. El ejemplo reciente lo tenemos en Alemania en el mes de septiembre, fecha en la que el sistema informático del hospital de Düsseldorf se cayó a causa de un ciberataque. Ahora se investiga la relación entre el fallecimiento de una paciente y este acto de sabotaje. El temor ha cundido en otros lugares como nuestro país, pues en plena segunda ola de contagios un ciberataque en los hospitales podría tener consecuencias demoledoras. La cuestión es: ¿hay manera de evitarlo?

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Claves para garantizar la seguridad de los servicios esenciales

La prestación de servicios esenciales está cada vez más vinculada al tratamiento informático de datos, así como a la automatización de procesos internos, lo que implica, como ya sabemos, mayor exposición en internet y, por tanto, más riesgo de ser víctima de un ataque. Afortunadamente, hay algunas estrategias para esquivar las redes de la ciberdelincuencia, tal y como exponen desde Check Point. Esos consejos o pautas a seguir son las siguientes:

  1. Actualizar la tecnología. En las infraestructuras críticas aún es frecuente contar con tecnologías antiguas cuya actualización podría suponer una interrupción del servicio. Sin embargo, las consecuencias de no hacerlo podrían ser fatales.

2. Adquirir herramientas de seguridad de última generación. Esto ayudaría a garantizar la protección de la información y a evitar la pérdida de un servicio esencial.

3. Vigilar la protección de entornos IoT (Internet of Things o Internet de las Cosas), es decir, la interconexión de dispositivos informáticos y de objetos como teléfonos, electrodomésticos o relojes. El hecho de que cada vez haya más dispositivos conectados entre sí aumenta las posibilidades de sufrir brechas de seguridad, por lo que hay que implantar sistemas de seguridad escalables que protejan toda la red.

4. Optimizar la gestión de los ciberataques. ¿Qué es mejor, gestionar recursos y soluciones de protección de forma interna o recurrir a un servicio externo? Según los expertos es preferible contar con un servicio interno para que la respuesta ante un ciberataque sea mucho más rápida. 

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