Llegará un día en el que llevar una cartera llena de tarjetas será anticuado. La identidad digital europea apunta a ser la solución que necesitábamos para poder desprendernos de ciertos escollos. Más allá de la comodidad de uso, me refiero a esos procesos tan aborrecibles que normalmente hay que hacer para gestionar papeleo, contratar servicios o pasar por intermediarios.

A lo largo de los años, el sistema físico y el digital han convivido sin éxito, con más problemas que aciertos. Hace tiempo que existe la necesidad de un sistema contemplado desde la perspectiva del mercado digital. Esta nueva aplicación, API o similar, regulada y reconocida en toda la Unión Europea (UE), parece ser que cumplirá con lo esperado, aportando seguridad, confianza y facilidades.

La premisa es sencilla: un usuario podrá hacer distintos trámites desde cualquier lugar de la UE a través de una aplicación que guardará muchos tipos de documentos, como el DNI, el carnet de conducir, la tarjeta sanitaria, titulaciones o tarjeta bancaria. Es un sistema fácil de entender que apuesta por el concepto all-in-one, propio de la simplificación hacia la que aspiran los avances en tecnología.

Es esa simplicidad uno de los principales atractivos de esta propuesta, tanto por el hartazgo que genera crear una nueva identidad en cada plataforma como por la sensación de fragilidad que produce el hecho de entregar nuestros datos en diferentes aplicaciones o sitios web. Con esta cartera europea, podemos tenerlo todo en un mismo lugar de confianza y con posibilidad de uso para cualquier operación.

La sociedad necesita una alternativa así que altere el statu quo digital, el cual cuenta ahora con unas instituciones completamente rezagadas. No tiene sentido que la identificación electrónica dependa de fotocopias de DNI como pruebas de identidad, por cierto, fácilmente manipulables. Actualmente, es posible multiplicar la seguridad con algo tan sencillo como un vídeo selfi que muestre el rostro de la persona y fotos de las dos caras del documento de identidad.

Pudiendo ofrecer mayores comodidades, los países europeos deben adaptarse al uso masivo que hacemos de los dispositivos y automatizar el máximo de procesos posible, garantizando total confiabilidad. Tiene que hacerse también porque los sistemas convencionales ya han colapsado y lo hemos visto en contextos como el de la pandemia. La calidad de los servicios y la seguridad de los datos pasa precisamente por facilitar el uso de los canales digitales y por la unión orgánica con lo físico, o sea la omnicanalidad.

La identidad digital europea será segura

A base de descentralización, los datos de los ciudadanos europeos no estarán registrados en un almacenamiento central, lo que facilitará cualquier modificación, agregado o eliminación con efecto en toda la cadena. Un concepto muy blockchain que hará que nuestra información esté segura y no sea alterable desde un único punto sin el ‘permiso’ del resto. Podemos confiar en que la identidad digital europea ofrecerá la protección esperada.

La vemos avanzar en todo el mundo. La transformación digital no supone tan solo un cambio en el uso de sistemas y en la transcripción de los datos al plano digital, tiene que ver sobre todo con un cambio cultural. Es precisamente ese cambio el que estimula a los países y a sus residentes a adoptar la nueva identidad digital, pues la necesidad ya ha encontrado solución y esperemos que no tarde demasiado en llegar.

 

Cinco respuestas para entender las bases de la futura identidad digital europea

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, introduce tu comentario
Por favor, introduce tu nombre

uno × 4 =