La proliferación y sofisticación de las ciberamenazas ha impulsado la evolución de las contraseñas. Hoy en día, son un elemento imprescindible, si bien requiere que sean robustas y un acompañamiento de otros sistemas de autenticación para reforzar su efectividad. En el Día Mundial de la Contraseña, los expertos instan a un mejor uso por parte de los usuarios.

En España, solo uno de cada tres españoles utiliza correctamente las contraseñas en Internet. Y es que, a pesar de que son cruciales, un reciente estudio de Panda Security pone de manifiesto que la mayoría los usuarios sigue sin darle toda la importancia que requieren.

Esto explica por qué solo el 33% de los españoles utiliza una contraseña distinta para cada plataforma online, mientras que el 30% emplea la misma contraseña para todo. Y lo que es más llamativo, tan solo el 7% tiene contraseñas distintas para cada identidad digital.

Contar con una misma contraseña para las distintas plataformas es, sin duda, una de las prácticas de riesgo que más puede facilitar a los ciberdelincuentes acceder a los datos y sistemas del usuario o corporativos.

La celebración del Día Mundial de la Contraseña el primer jueves del mes de mayo, se instauró en 2013 por parte de Intel Security, inspirándose en el libro de del investigador de seguridad Mark Burnett, «Perfect Passwords». La idea era establecer un día en el que recordar a todo el mundo la importancia de las contraseñas en el mundo digital y cómo configurarlas para que sean robustas y cumplan con su función.

Hoy, esta necesidad de hacer un buen uso de las contraseñas es más crucial que nunca ante el incesante incremento de las ciberamenazas.

Errores en el uso de contraseñas

Aunque prácticamente nadie duda de la importancia de disponer de una contraseña segura, aún persisten muchos usuarios que no siguen los consejos de los expertos para conseguir que sea lo más robusta posible.

Fechas especiales, nombres de mascotas o el famoso ‘1234’ siguen siendo muy comunes y una llave maestra para que los ciberdelincuentes encuentren las puertas abiertas.

No en vano, las contraseñas más utilizadas siguen siendo ‘12345’, seguida de ‘123456’ y ‘1234567’.

Además de que es fundamental no utilizar la misma contraseña para distintas cuentas o plataformas, contar con un gestor de contraseñas puede ser muy útil. Estas aplicaciones, gratuitas o de pago, permiten guardar de forma segura distintas contraseñas, largas y complejas. Para acceder a ellas, el usuario solo necesita recordar una contraseña maestra.

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Pero si disponer de contraseñas robustas es clave, activar un segundo factor de autenticación es cada vez más indispensable para reforzar la seguridad. El uso de estos códigos temporales que el usuario recibe a través de SMS dificulta el acceso a posibles intrusos.

En este esfuerzo por reforzar estas funciones de seguridad, la biometría se alza como un factor que cobra cada vez más protagonismo a la hora de garantizar los accesos. El uso de la huella dactilar, el reconocimiento facial o el uso del iris son cada vez más utilizados. No obstante, se trata de sistemas tampoco exentos de riesgos ya que los ciberdelincuentes también encuentran formas para conseguir estos rasgos.

Ante esto, para muchos, la combinación de contraseñas robustas con otros sistemas de autenticación contribuye a optimizar la seguridad. Pero los expertos destacan la importancia de encontrar un equilibrio entre el uso de estas medidas y evitar molestar al usuario lo mínimo para agilizar su experiencia digital.

Las malas experiencias están llevando a que incluso se esté abogando por el fin de las contraseñas tal y como apuntan algunos desarrollos de tecnológicas como Google.

Cómo crear una contraseña robusta

Si bien la contraseña perfecta, como la seguridad total, no existe, sí se pueden poner en práctica estas recomendaciones a la hora de crear una que robusta y cumpla a la perfección con su función.

  • Las contraseñas robustas deben contener más de 10 caracteres, minúsculas y mayúsculas, así como números y caracteres especiales.
  • Es importante no utilizar esas contraseñas que nos da el sistema por defecto, ya que los ciberdelincuentes pueden tener fácil acceso a ellas y descifrarlas sin dificultades.
  • Una contraseña robusta no debe tener datos personales del usuario ni relacionada con información como la fecha de nacimiento, el nombre de la mascota, o similares.
  • Es crucial no compartir las contraseñas con nadie, ni dejarla apuntada en un lugar a la vista de otras personas para no olvidarla.
  • Al hilo del punto anterior, es fundamental no iniciar sesión en el dispositivo de otra persona ya que nunca se sabe si puede haber un virus oculto. En este sentido, hay que extremar las precauciones cuando se inicia sesión con dispositivos de lugares públicos. Hacerlo en una sesión privada o de incógnito, presionando Ctrl+Shift+N o Cmd+Shift+N, el navegador no guardará credenciales, cookies e historial de navegación.
  • Si hay posibilidad de que la contraseña haya sido expuesta, hay que cambiarla de inmediato. Utilizar la Dark Web para comprobar que los datos no son públicos puede ser una buena opción.

 

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