Cada vez son más las organizaciones que apuestan por una estrategia Zero Trust, o de Confianza Cero. La concienciación sobre los riesgos a los que se exponen y en los que está implicado el factor humano, pone de relevancia la importancia de implementar esta estrategia.

A la hora de combatir las actuales ciberamenazas, el factor humano desempeña un papel clave. Si bien las organizaciones tienen a su disposición avanzadas soluciones de seguridad para hacer frente a estas amenazas, los errores humanos siguen siendo una de las principales puertas de entrada de nuevos ataques.

Esto está llevando a que cada vez las compañías apuesten por un enfoque Zero Trust, o de Confianza Cero. Es decir, desconfiar siempre de todo aquello que sea susceptible de atentar contra la ciberseguridad.

Se trata de una estrategia fundamental atendiendo al hecho de que los ciberdelincuentes cada vez emplean métodos más sofisticados para engañar al usuario y que caiga víctima de sofisticados ciberataques.

Desafortunadamente, los ciberdelincuentes siguen yendo un paso por delante y siguen avanzando en sus ciberamenazas.

Según Cybersecurity Ventures, se prevé que los costes globales de los ciberdelitos alcancen los 8 billones de dólares en 2023, una cifra que aumentaría hasta los 10,5 billones de dólares en 2025.

Estas desorbitadas cifras incluyen, no solo el dinero robado, sino también los daños. También tienen en cuenta la destrucción de datos, la pérdida de productividad, robo de propiedad intelectual, de datos personales y financieros, así como la investigación y restauración posterior al ataque, y daño a la reputación.

Unos daños que siguen creciendo constantemente a medida que se expande la superficie de ataque. Como resultado: cada vez más personas acceden a datos y cuentas desde más ubicaciones, algo impulsado por el trabajo remoto y la proliferación de servicios digitales, entre otros factores.

Cómo implementar Zero Trust

Este escenario, que aporta tantas ventajas, también ofrece grandes oportunidades a los ciberdelincuentes. A mayor superficie de ataque, más dispositivos y redes, más opciones tienen de llevar a cabo sus amenazas.

Esto pone de relevancia lo clave que es comprender y practicar la higiene digital para la protección individual y de las organizaciones.

Mantener el software actualizado, cuestionar los enlaces, tener contraseñas seguras y hacer uso del múltiple factor de autenticación es cada vez más prioritario. El objetivo es reducir el riesgo y desarrollar resiliencia, lo que requiere colaboración y vigilancia continua.

Para avanzar en esta concienciación en ciberseguridad, también es crítico cambiar una serie de creencias arraigadas. Entre ellas, pensar que los incidentes de seguridad ocurren, principalmente, en entidades gubernamentales o grandes corporaciones.

Pero nada más lejos de la realidad. Los delincuentes buscan vulnerabilidades en organizaciones de todo tipo y tamaño.

Otra creencia errónea es que los datos están más seguros cuando se almacenan en las propias instalaciones de la empresa. En realidad, el cloud computing ha creado un entorno más seguro para los datos y las aplicaciones.

Los centros de datos en la nube están construidos con una sólida seguridad física y los proveedores cloud están contratando a los mejores profesionales de seguridad que monitorizan el entorno con herramientas que detectan y solucionan los ataques en tiempo real.

Tampoco hay que pensar que es inevitable sufrir un ciberataque, esto puede hacer que se baje la guardia y la primera línea de defensa recae en los propios usuarios de la tecnología.

La concienciación y la educación ayudarán a garantizar un perímetro sólido y, junto a una estrategia de Confianza Cero, se avanzará en la seguridad de la organización.

Cambiar las percepciones sobre la ciberseguridad es una parte importante para cambiar el alcance del problema y, en última instancia, hacer la vida mucho más difícil para los ciberdelincuentes.

 

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