Imagina que vas al hospital por una urgencia, y justo en ese momento, todo se detiene: no hay acceso a tu historial médico, las máquinas de diagnóstico no responden, y los profesionales de la salud no pueden acceder a la información que necesitan para tratarte. No es ciencia ficción. Es un escenario cada vez más probable. Según un informe del equipo de investigación Team82, de la empresa de ciberseguridad Claroty, el 58% de los hospitales se encuentra en riesgo de sufrir ciberataques que podrían paralizar sus servicios y el 89% tiene sistemas médicos vulnerables a ciberataques.
Y es que no estamos hablando de incidentes menores. El estudio revela que hasta el 20% de los sistemas de información sanitaria contienen vulnerabilidades conocidas y explotables (conocidas como KEV, por sus siglas en inglés), muchas de ellas vinculadas directamente a campañas de ransomware, ese tipo de malware que secuestra datos y pide un rescate a cambio. Pero hay más: la mayoría de estos sistemas están conectados a internet de forma insegura, lo que multiplica las posibilidades de ser atacados.
El talón de Aquiles digital de la sanidad
Team82 ha analizado más de 2,25 millones de dispositivos médicos conectados (IoMT, por sus siglas en inglés) y más de 647.000 dispositivos de tecnología operacional (OT) en 351 organizaciones sanitarias. ¿El resultado? Un preocupante 89% utiliza sistemas médicos vulnerables. Para ponerlo en perspectiva: casi nueve de cada diez hospitales podrían tener «puertas traseras» por las que los ciberdelincuentes pueden colarse.
Además, el 1% de los dispositivos IoMT tienen KEV activamente explotadas en campañas de ransomware y además presentan conexiones inseguras a internet. Esto no afecta a unos pocos centros: se estima que el 89% de los hospitales podría verse comprometido por este motivo.
Los dispositivos más expuestos son aquellos que usamos con más frecuencia y en los que confiamos ciegamente: los sistemas de imágenes médicas. Radiografías, tomografías computarizadas, resonancias magnéticas y ecografías están entre los equipos de mayor riesgo. Un 8% de estos sistemas contienen vulnerabilidades conocidas relacionadas con ransomware, y, lo que es peor, también están mal protegidos frente a internet.
Este tipo de equipos suelen estar conectados en red para que los médicos puedan ver las imágenes desde diferentes áreas del hospital. Pero esa misma comodidad es también su debilidad: una red mal configurada o una máquina sin actualizaciones puede ser el punto de entrada para un atacante.
Impacto real en la atención médica
Un ciberataque en un hospital no se queda en los servidores. Afecta directamente a la atención del paciente. Cuando los sistemas se bloquean, se interrumpe la atención sanitaria, se retrasan las cirugías, se pierden datos médicos críticos y, en los casos más graves, se pone en peligro la vida de los pacientes. Según los expertos de Claroty, el impacto es cada vez más grave, pero los recursos para prevenir estos ataques siguen siendo sorprendentemente limitados.
La conclusión del informe es clara: la posibilidad de interrupciones en la atención médica es un “peligro real e inminente”. Y la solución pasa por adoptar un enfoque estratégico, basado en la gestión de la exposición: identificar qué dispositivos son más vulnerables y centrar los esfuerzos en protegerlos de forma prioritaria.
¿Por qué los hospitales son un objetivo tan atractivo?
La respuesta es sencilla: porque suelen pagar. Y porque sus sistemas son débiles. Los cibercriminales, en especial los grupos de ransomware más organizados, como los rusos Black Basta y BlackCat/ALPHV, saben que un hospital no puede darse el lujo de permanecer inoperativo. Cada minuto cuenta, y las vidas están en juego.
Estos grupos no solo encriptan sistemas y archivos; también roban información sensible como historiales médicos o datos personales. Luego amenazan con filtrarlos públicamente si no se paga un rescate. Es la llamada “doble extorsión”, y según el informe, será la norma en 2025.
































