La Guardia Civil ha asestado un duro golpe a la ciberdelincuencia en España con la detención de 15 miembros de una organización criminal especializada en dos de las ciberestafas más lucrativas que existen hoy: el fraude empresarial mediante ataques “man in the middle” y las llamadas “estafas del amor” o romance scams.
La operación, culminada tras dos años de investigación, ha permitido esclarecer al menos 56 delitos cometidos en todo el territorio nacional y ha puesto de relieve cómo la ingeniería social y el control tecnológico siguen siendo la combinación preferida de los criminales digitales.
Según datos ofrecidos por la propia Guardia Civil, la cantidad estafada asciende a 1.581.667 euros, que fueron sustraídos tanto a empresas como a particulares. El caso revela con crudeza la vulnerabilidad de víctimas que, en muchos casos, aún arrastran deudas bancarias derivadas del dinero que entregaron a sus estafadores.
Una investigación que empezó con una estafa amorosa de seis cifras
El origen de esta macrooperación se sitúa en el año 2023, cuando una mujer de Cáceres denunció haber sido víctima de una estafa sentimental que le costó más de 100.000 euros. Según su relato, un supuesto oficial del ejército estadounidense se puso en contacto con ella a través de internet y fue construyendo pacientemente una relación emocional durante casi dos años. Aprovechando la confianza generada, el delincuente la convenció de realizar múltiples transferencias bancarias.
Este perfil de estafa, conocido como romance scam, ha experimentado un notable auge en la última década. En la mayoría de los casos, los estafadores actúan desde redes organizadas, crean identidades falsas con fotografías robadas y relatos convincentes (viudedad, servicio militar en zonas de conflicto, herencias bloqueadas), y explotan la soledad y el afecto de la víctima hasta conseguir importantes sumas de dinero.
A partir de esta primera denuncia, la Unidad Orgánica de Policía Judicial de la Guardia Civil en Cáceres comenzó a seguir la pista de los movimientos financieros de la víctima y detectó indicios de una organización criminal perfectamente estructurada.
Un entramado especializado en varios tipos de fraude
Durante la investigación de la Guardia Civil se confirmó que los sospechosos expertos en ciberestafas no se limitaban a los engaños sentimentales. El grupo también operaba en el ámbito empresarial a través de ciberataques del tipo “man in the middle”, que consisten en interceptar las comunicaciones electrónicas entre empresas que mantienen relaciones comerciales.
Mediante infección previa de los sistemas informáticos de las empresas objetivo, los delincuentes se infiltraban en sus correos electrónicos y modificaban las cuentas bancarias que figuraban en facturas y órdenes de pago. La empresa que debía realizar la transferencia creía estar abonando el importe a su proveedor habitual, cuando en realidad el dinero iba directamente a cuentas controladas por la organización.
Esta técnica, conocida en el mundo de la ciberseguridad como Business Email Compromise (BEC), ha supuesto pérdidas multimillonarias en todo el mundo. La clave de su eficacia radica en la dificultad de detectar la manipulación en tiempo real, especialmente en empresas que no disponen de protocolos robustos de verificación.
Además, la organización recurría al smishing (suplantación de entidades mediante SMS fraudulentos) y vishing (llamadas telefónicas con identidad falsa), tanto para captar datos bancarios como para completar el engaño.
Un despliegue policial de dos años y tres fases
La magnitud del entramado obligó a la Guardia Civil a desplegar una investigación en tres fases operativas, con un seguimiento constante de los movimientos de los sospechosos, que cambiaban de domicilio de manera frecuente para dificultar su localización.
Durante los dos años de investigación, los agentes llevaron a cabo 15 registros domiciliarios en ubicaciones de alta dispersión geográfica, incluyendo Valencia, Burjassot, Paiporta, Milladoiro (A Coruña), Zaragoza, Getafe, Madrid, Fuenlabrada, Torrejón de Ardoz, Móstoles, Barcelona y Cornellá de Llobregat.
En estos registros, la Guardia Civil incautó una abundante cantidad de pruebas:
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52 teléfonos móviles.
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20 dispositivos de almacenamiento de datos.
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18 ordenadores portátiles.
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13 tablets.
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6 wallets de criptoactivos.
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Gran volumen de documentación bancaria vinculada a cuentas en el extranjero.
Según los investigadores, desde estos dispositivos se coordinaban tanto los ataques informáticos como los contactos con las víctimas sentimentales, a quienes se convencía de entregar fondos o de facilitar información sensible.
































