La Agencia Nacional del Crimen (NCA, por sus siglas en inglés) del Reino Unido ha confirmado la detención de un hombre de unos 40 años en el condado de West Sussex, al sur de Inglaterra, bajo sospecha de haber participado en el ciberataque que afectó el pasado fin de semana a varios aeropuertos europeos. El arresto se produjo el martes por la noche y, según la NCA, el sospechoso se encuentra en libertad condicional mientras las investigaciones continúan.
“Si bien esta detención es un paso positivo, la investigación de este incidente se encuentra en sus primeras etapas y continúa en curso”, señaló en un comunicado Paul Foster, jefe de la Unidad Nacional de Delitos Informáticos de la NCA. Sus palabras reflejan la complejidad de un caso que ha puesto a prueba la resiliencia digital de la aviación en Europa y que podría ser solo la punta del iceberg.
El sospechoso está siendo investigado por posibles violaciones de la Computer Misuse Act, la ley británica que regula el uso indebido de computadoras y delitos informáticos. No se han ofrecido más detalles sobre su identidad ni sobre el grado de implicación en los hechos, lo que deja abierta la posibilidad de que no actuara solo.
Impacto directo en la aviación europea
El ataque, cuyo objetivo fue Collins Aerospace, un proveedor externo de servicios de procesamiento de datos y filial del grupo estadounidense RTX (antes Raytheon), afectó a los sistemas electrónicos de facturación y embarque de múltiples aeropuertos europeos.
El incidente comenzó a detectarse el viernes en el Aeropuerto de Bruselas-Zaventem, donde los sistemas no lograron restablecerse con normalidad ni siquiera cinco días después. La propia terminal advirtió en su página web que se esperaban “perturbaciones limitadas” los días 23 y 24 de septiembre, con retrasos y cancelaciones en torno al 10% de los vuelos programados.
La radiotelevisión belga RTBF informó que el martes se operaron 237 vuelos de los 277 previstos, mientras que el miércoles las previsiones eran similares: alrededor de un 10% de cancelaciones.
Otros aeropuertos también se vieron obligados a alterar sus planes. En Heathrow, el más transitado de Europa, el sistema caído provocó la cancelación de una veintena de vuelos —una docena de ida y otra de vuelta—, aunque representaron apenas un 1% de las 1.300 operaciones previstas. El portavoz del aeropuerto matizó que el problema solo había afectado a aerolíneas que dependían directamente del sistema de Collins Aerospace, por lo que la Terminal 5, dominada por British Airways, apenas sufrió contratiempos.
También en Berlín y Dublín se registraron retrasos y cancelaciones, confirmando que la caída tuvo un alcance transnacional, con consecuencias directas para miles de pasajeros y pérdidas millonarias para el sector aéreo.
Una vulnerabilidad en cadena
El incidente pone de manifiesto uno de los grandes riesgos de la digitalización de la aviación: la dependencia de proveedores externos. Collins Aerospace gestiona sistemas críticos de facturación y embarque que, al verse comprometidos, arrastraron a múltiples aeropuertos y aerolíneas de forma simultánea.
En la práctica, un único fallo o ataque en un proveedor estratégico puede extenderse como un dominó a toda la red de aeropuertos que lo utilizan. Este es un ejemplo claro de los llamados riesgos de terceros o supply chain risks, que cada vez preocupan más a los expertos en ciberseguridad.
El ciberataque ha encendido todas las alarmas en el sector de la aviación. En un momento en el que los aeropuertos europeos intentan recuperarse del impacto económico de la pandemia, un ataque de este tipo pone de relieve la fragilidad de los sistemas digitales que sostienen la operativa diaria.
Expertos en ciberseguridad aérea señalan que los aeropuertos deben invertir más en resiliencia digital, planes de contingencia y pruebas de estrés que les permitan seguir funcionando incluso si un proveedor externo falla. La redundancia de sistemas y la formación del personal son claves para minimizar los efectos de ataques similares en el futuro.

































