Las bibliotecas municipales de Elche arrastran desde hace más de cinco meses una desconexión tecnológica que ha alterado de forma profunda su funcionamiento cotidiano. Desde el ciberataque sufrido por el Ayuntamiento el pasado 25 de agosto, estos espacios públicos carecen de wifi y de ordenadores de uso público, una situación que ha generado un creciente malestar entre los usuarios habituales.

La falta de conexión afecta tanto a la biblioteca central como a las siete sucursales distribuidas por el casco urbano y las pedanías, además de a varias salas de estudio municipales.

Estudiantes universitarios, opositores, alumnado de instituto y lectores de mayor edad se han visto obligados a adaptar sus rutinas a un escenario impropio de un servicio público concebido como motor de acceso al conocimiento y a la información digital.

Un apagón tecnológico que se prolonga en el tiempo

Desde finales de agosto, quienes acuden a las bibliotecas ilicitanas se encuentran con ordenadores apagados y carteles visibles que advierten de que el servicio no funciona.

La imposibilidad de conectarse a internet con dispositivos propios ha dejado a estos centros sin una de sus funciones esenciales en pleno 2026, cuando buena parte de los recursos académicos y administrativos dependen de la red.

El impacto no se limita a la consulta de información. En muchos centros tampoco ha sido posible utilizar impresoras para la emisión de nuevos carnets, lo que ha obligado durante meses a recurrir a procedimientos manuales tanto para el alta de usuarios como para el registro de préstamos.

Este retroceso operativo ha supuesto un sobreesfuerzo para el personal y una experiencia más lenta para los ciudadanos.

Espacios clave para el estudio sin conexión

La red municipal de bibliotecas de Elche se articula en torno a una biblioteca central, siete sucursales, un bibliobús y diversas salas de estudio ubicadas en pedanías como Perleta, La Marina, El Altet, Torrellano, La Hoya o Las Bayas.

Estos espacios no solo ofrecen libros, sino que funcionan como puntos de estudio y trabajo que dependen en gran medida del acceso a internet.

La ausencia de conexión ha provocado que muchos usuarios replanteen su asistencia. Opositores explican que buena parte de los temarios, la legislación y las plataformas de estudio se consultan exclusivamente en línea. Sin wifi, estudiar se convierte en una tarea incompleta que en ocasiones le obliga a quedarse en casa.

Estudiantes que abandonan las salas de estudio

La percepción de provisionalidad inicial se ha transformado en frustración con el paso de los meses. En declaraciones al diario Información Marta Peña, estudiante universitaria, reconoce que al principio asumieron que el problema se resolvería en poco tiempo, pero la prolongación de la avería ha hecho que algunos compañeros dejen de acudir a la biblioteca. Para muchos jóvenes, estos espacios eran la única alternativa tranquila fuera del domicilio.

El problema se agrava para quienes no disponen de ordenador portátil. Elena Lucas, estudiante de Bachillerato, subraya que antes podía utilizar los equipos públicos de la biblioteca para realizar trabajos y consultas. Ahora, al ver los ordenadores apagados de forma permanente, la sensación es de falta de alternativas reales para continuar con el estudio.

Malestar ciudadano y recogida de firmas

El descontento ha ido creciendo hasta cristalizar en iniciativas de presión ciudadana. Usuarios habituales han impulsado una recogida de firmas para reclamar una solución urgente.

Luis López, también opositor, resume el sentir general al señalar que no se pide nada extraordinario, sino estudiar en condiciones acordes al momento actual.

Aunque las salas de estudio mantienen un ambiente de silencio y respeto, muchos reconocen que la desconexión prolongada empieza a pasar factura. La comparación con épocas anteriores a la digitalización es recurrente entre quienes consideran que un servicio público sin acceso a internet queda seriamente limitado.

El esfuerzo del personal ante la falta de medios

Desde dentro, los trabajadores de las bibliotecas han intentado amortiguar el impacto del apagón tecnológico.

Durante semanas, e incluso meses, los préstamos y las altas de usuarios se gestionaron de forma manual. Una técnica municipal reconoce que el objetivo ha sido reducir al máximo las molestias, aunque admite que el cansancio también se acumula entre el personal.

Pese a todo, la asistencia a la biblioteca no ha caído de forma drástica, en parte porque muchos usuarios siguen valorando el entorno de estudio.

Las quejas, sin embargo, son constantes y el propio personal entiende la impaciencia de quienes acuden a diario y se encuentran con las mismas limitaciones.

La respuesta del Ayuntamiento

El Ayuntamiento de Elche ha reconocido que la recuperación de los servicios afectados por el ciberataque requiere trabajos complejos.

Desde el bipartito que gobierna el consistorio se ha indicado que los técnicos ya están trabajando y que en los próximos días podrían iniciarse las actuaciones para restablecer la conexión a internet en bibliotecas y salas de estudio. Sin embargo, esos trabajos ya acumulan meses y meses de retrasos.

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