Las extensiones de navegador se han convertido en herramientas habituales para mejorar la productividad en internet, especialmente con el auge de los asistentes de inteligencia artificial. Sin embargo, esa misma popularidad también las ha convertido en un objetivo atractivo para los ciberdelincuentes. Investigadores de Microsoft Defender han descubierto recientemente una campaña maliciosa que utiliza extensiones falsas de navegadores para robar conversaciones con modelos de inteligencia artificial como ChatGPT o DeepSeek y datos de navegación de los usuarios.

Según el análisis de la compañía, estas extensiones fraudulentas, que se hacían pasar por herramientas legítimas de asistencia con IA, llegaron a alcanzar aproximadamente 900.000 instalaciones. Además, la telemetría de Microsoft Defender detectó actividad en más de 20.000 entornos empresariales, lo que sugiere que el impacto potencial podría ser significativo en organizaciones que utilizan herramientas de IA en su trabajo diario.

Extensiones falsas diseñadas para parecer herramientas legítimas

La campaña se centró en el ecosistema de extensiones de navegador relacionadas con inteligencia artificial, que ha crecido de forma explosiva en los últimos años. Muchos profesionales instalan complementos que añaden barras laterales o accesos directos para interactuar rápidamente con modelos como ChatGPT o DeepSeek.

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Los atacantes aprovecharon esta tendencia para publicar extensiones con nombres y descripciones muy similares a los de herramientas legítimas en la Chrome Web Store, la tienda oficial de extensiones del navegador de Google. Debido a que Microsoft Edge también permite instalar extensiones desde esta plataforma, una sola publicación era suficiente para distribuir el malware en ambos navegadores.

Para reforzar su apariencia legítima, los ciberdelincuentes analizaron extensiones reales —como AITOPIA— con el objetivo de imitar su diseño, sus permisos y la forma en la que interactúan con los usuarios. De esta forma, las extensiones maliciosas se integraban en el entorno del navegador sin levantar sospechas.

En algunos casos, incluso se observaron situaciones en las que navegadores automatizados o “agentic browsers” descargaban estas extensiones automáticamente, sin que el usuario tuviera que aprobar explícitamente la instalación.

Robo silencioso de conversaciones y actividad de navegación

Una vez instaladas, las extensiones comenzaban a recopilar información de forma silenciosa utilizando el propio modelo de permisos de los navegadores basados en Chromium.

El software malicioso monitorizaba las URL visitadas por el usuario y fragmentos de conversaciones mantenidas con asistentes de inteligencia artificial, incluyendo plataformas como ChatGPT y DeepSeek. Esto significaba que los atacantes podían obtener acceso a prompts, respuestas generadas por los modelos e incluso a conversaciones completas.

Los datos recopilados incluían:URLs completas visitadas por el usuario, incluidas páginas internas de empresas, fragmentos de conversaciones con herramientas de IA, información sobre el modelo utilizado en el chat, contexto de navegación anterior y posterior y un identificador único persistente del dispositivo.

Toda esta información se almacenaba temporalmente en el equipo del usuario en formato JSON codificado en Base64 y posteriormente se enviaba a servidores controlados por los atacantes.

Comunicación periódica con servidores de los atacantes

El envío de datos se realizaba mediante solicitudes HTTPS POST, un método habitual de comunicación web que ayudaba a que el tráfico malicioso pasara desapercibido entre el resto de conexiones del navegador.

Los investigadores identificaron varios dominios utilizados como infraestructura de comando y control, entre ellos:

  • deepaichats[.]com

  • chatsaigpt[.]com

  • chataigpt[.]pro

  • chatgptsidebar[.]pro

Tras enviar los datos, la extensión eliminaba los registros locales para reducir las evidencias en el sistema y dificultar el análisis forense.

Este mecanismo permitía mantener una recolección continua de información, convirtiendo una aparentemente inocente extensión de productividad en una herramienta de espionaje persistente dentro del navegador.

Persistencia sin malware tradicional

A diferencia de muchas campañas de malware tradicionales, esta amenaza no necesitaba explotar vulnerabilidades ni instalar software adicional en el sistema.

Las extensiones simplemente aprovechaban el comportamiento normal del navegador: una vez instaladas, se cargaban automáticamente cada vez que el usuario abría Chrome o Edge. Además, utilizaban el almacenamiento local del navegador para mantener identificadores de sesión y colas de datos pendientes de envío.

Otro elemento especialmente preocupante era el mecanismo de consentimiento. Aunque inicialmente los usuarios podían desactivar la recopilación de datos, algunas actualizaciones de la extensión reactivaban automáticamente la telemetría, permitiendo que el espionaje continuara sin que el usuario fuera plenamente consciente.

MLuz Domínguez
Periodista especializada en ciberseguridad y tecnología. Mi enfoque se centra en analizar mundo de las aplicaciones y la seguridad especialmente en redes sociales. Con un interés constante en informar sobre avances, riesgos y sin olvidar la importancia de la prevención, busco compartir información precisa y comprensible para el usuario.

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