La vigilancia digital estatal se ha convertido en un riesgo creciente para viajeros, profesionales y empresas que operan en el extranjero. Un informe de Insikt Group, la unidad de investigación de Recorded Future, concluye que 31 países presentan un nivel alto o muy alto de vigilancia digital y que otros 74 se sitúan en un nivel medio.
El estudio analiza 193 países y advierte de que algunos gobiernos utilizan redes de telecomunicaciones, programas espía, herramientas de inteligencia artificial, cámaras con reconocimiento facial y grandes bases de datos para controlar a ciudadanos, opositores, periodistas y visitantes extranjeros.
Los riesgos no se limitan a la privacidad personal. La vigilancia puede provocar robos de información empresarial, pérdida de propiedad intelectual, exposición de comunicaciones confidenciales, problemas legales y amenazas físicas.
Seis países presentan un riesgo muy alto
El informe sitúa a Bielorrusia, China, Irán, Myanmar, Corea del Norte y Rusia en el nivel de riesgo más elevado.
Según Recorded Future, estos países disponen de capacidades avanzadas de vigilancia, carecen de controles independientes eficaces y utilizan con frecuencia estas tecnologías contra opositores, críticos del Gobierno, empresas extranjeras y viajeros.
Otros 25 países aparecen clasificados con un riesgo alto. En estos casos también existen herramientas de vigilancia avanzadas o moderadas, pero con controles limitados y antecedentes de uso contra activistas, periodistas o movimientos políticos.
El informe aclara que disponer de tecnología avanzada no convierte automáticamente a un país en una amenaza. El nivel de riesgo depende también de cómo se utiliza, si existen autorizaciones judiciales y si los organismos responsables están sometidos a controles efectivos.
Cinco formas de vigilar a los ciudadanos
Recorded Future identifica cinco grandes categorías de vigilancia digital estatal.
- La primera es la interceptación de redes. Los gobiernos pueden acceder al tráfico de Internet y a las comunicaciones instalando equipos en operadores de telecomunicaciones o proveedores de servicios.
- La segunda es el acceso directo a dispositivos mediante programas espía. Herramientas comerciales como Pegasus, Predator o Candiru pueden extraer archivos, leer mensajes, activar cámaras y micrófonos o seguir la ubicación del usuario.
- La tercera es el acceso a plataformas digitales. Las autoridades pueden pedir datos a redes sociales, servicios de correo, aplicaciones de mensajería y empresas tecnológicas, como direcciones IP, historial de acceso o información de cuentas.
- La cuarta categoría es la vigilancia de espacios públicos mediante cámaras, reconocimiento facial y sistemas capaces de identificar matrículas o seguir movimientos.
- La quinta consiste en la recopilación de grandes cantidades de datos personales, biométricos, financieros y de movilidad para crear perfiles detallados de cada individuo.
El spyware comercial se extiende a más países
Uno de los principales motivos de preocupación es la expansión del mercado de programas espía comerciales. Estas herramientas permiten que países con capacidades técnicas limitadas puedan comprar sistemas avanzados de vigilancia.
Entre 2024 y 2026, los investigadores encontraron indicios del uso de Predator o Candiru en al menos 16 países, entre ellos Angola, Egipto, Hungría, Indonesia, Irak, Kazajistán, Omán, Filipinas y Arabia Saudí.
Estos programas se comercializan oficialmente para luchar contra el terrorismo y la delincuencia. Sin embargo, numerosas investigaciones han documentado su utilización contra periodistas, defensores de derechos humanos, activistas y opositores políticos.
El informe destaca que el alcance de estas herramientas se ha ampliado. Además de figuras políticas y miembros de la sociedad civil, los objetivos incluyen ahora a ejecutivos, banqueros y representantes de empresas.
La inteligencia artificial multiplica la capacidad de vigilancia
La inteligencia artificial permite analizar grandes cantidades de información con mayor rapidez. Los gobiernos pueden utilizarla para revisar imágenes de cámaras, reconocer rostros, analizar publicaciones en redes sociales y relacionar datos procedentes de distintas fuentes.
En algunos países, los sistemas denominados “ciudades seguras” combinan cámaras de videovigilancia, reconocimiento facial, bases de datos y centros de control policial.
Aunque estas herramientas pueden ayudar a prevenir delitos, también pueden facilitar la vigilancia masiva cuando no existen límites claros. El informe recoge casos en los que se habrían utilizado sistemas de reconocimiento facial para identificar manifestantes o controlar a minorías.
Los sistemas de policía predictiva plantean otra preocupación. Estas tecnologías intentan anticipar dónde puede producirse un delito o qué personas podrían representar un riesgo, pero pueden reproducir prejuicios ya presentes en los datos policiales.
Los datos biométricos crean perfiles cada vez más completos
La recopilación de huellas dactilares, imágenes faciales, iris, voz y otros datos biométricos permite identificar y seguir a una persona en diferentes entornos.
Cuando esta información se combina con registros de viajes, teléfonos móviles, cuentas bancarias, documentos de identidad y cámaras de seguridad, los gobiernos pueden crear perfiles muy completos sobre la vida y los movimientos de un individuo.
Recorded Future advierte de que aproximadamente 160 países exigen presentar un documento de identidad o pasaporte para registrar una tarjeta SIM. Al menos 35 solicitan también información biométrica.
El problema es que estas grandes bases de datos pueden utilizarse con fines de vigilancia o quedar expuestas en un ciberataque.































