La lucha contra la ciberdelincuencia ya no se limita a detener ataques informáticos o desmantelar infraestructuras maliciosas. En los últimos años ha surgido un fenómeno mucho más complejo que combina delitos digitales, radicalización de menores y violencia física. Ese es el caso de The Com, una red descentralizada de comunidades online que se ha convertido en una de las principales preocupaciones de las fuerzas de seguridad internacionales.
Como parte de una nueva ofensiva, Europol y sus socios internacionales han identificado y solicitado la retirada de 4.340 URL que alojaban contenidos especialmente violentos y utilizados para captar nuevos integrantes. La operación se desarrolló durante varias semanas entre junio y julio y forma parte de Project Compass, una iniciativa internacional lanzada en 2025 para combatir este ecosistema criminal.
Más de 4.300 enlaces eliminados para frenar el reclutamiento
La acción, denominada Referral Action Days, ha reunido a investigadores de Bélgica, España, Finlandia, Hungría, Irlanda, Luxemburgo, Países Bajos, Portugal y Suecia, con el objetivo de dificultar la actividad online de The Com y reducir la difusión de su propaganda.
Las URL marcadas para su eliminación no solo contenían material delictivo, sino que servían como herramienta de captación y adoctrinamiento. Según Europol, estas comunidades utilizan redes sociales, plataformas de videojuegos y aplicaciones de mensajería para localizar a menores vulnerables, manipularlos y atraerlos hacia actividades criminales.
El objetivo no es únicamente incorporar nuevos miembros, sino también fomentar una escalada constante de violencia. Dentro de esta comunidad, el prestigio se obtiene cuanto más extremo resulta el contenido que un usuario es capaz de producir o de obligar a generar a sus víctimas.
Una comunidad donde la violencia se convierte en símbolo de estatus
A diferencia de las organizaciones criminales tradicionales, The Com no funciona como un grupo jerárquico único. Se trata de una red de comunidades conectadas entre sí cuyos integrantes colaboran o actúan de forma independiente compartiendo herramientas, técnicas y contenido.
Sus actividades abarcan desde delitos habituales de la ciberdelincuencia, como hacking, extorsión digital, doxxing o swatting, hasta ataques físicos reales, incluyendo agresiones, apuñalamientos, incendios provocados e incluso tiroteos.
Buena parte de estos actos son grabados o retransmitidos en directo a través de internet para aumentar su difusión y notoriedad dentro del grupo. Posteriormente, los vídeos vuelven a compartirse entre los distintos canales de la comunidad como una forma de reconocimiento interno.
Contenido extremadamente violento para captar y controlar a las víctimas
Durante esta operación, Europol identificó una gran variedad de contenidos especialmente perturbadores.
Entre ellos figuraban vídeos e imágenes de autolesiones, suicidios, material de abuso sexual infantil (CSAM), crueldad contra animales y ataques violentos. También localizaron manuales con instrucciones para cometer agresiones físicas, realizar campañas de extorsión o manipular psicológicamente a menores vulnerables.
Uno de los elementos que más preocupa a los investigadores son las denominadas blood walls, imágenes realizadas con sangre donde aparece el alias del extorsionador junto al nombre de su grupo criminal. También se detectaron los llamados cut-signs, prácticas en las que las víctimas son obligadas a grabarse con cortes en la piel el nombre de quien las está extorsionando.
Estos materiales no solo buscan intimidar a las víctimas, sino demostrar lealtad al grupo y aumentar el prestigio de quienes los difunden.
Menores como víctimas… y también como autores
Uno de los aspectos más preocupantes de The Com es el papel protagonista que desempeñan adolescentes y menores de edad.
Europol advierte de que estos jóvenes no solo son objetivos de captación, sino que, en numerosos casos, terminan convirtiéndose en autores de delitos tanto digitales como físicos.
La organización criminal aprovecha la facilidad con la que muchos adolescentes interactúan en videojuegos online, plataformas sociales o servicios de mensajería para establecer relaciones de confianza y ejercer posteriormente presión psicológica, amenazas o chantaje.
Según la agencia europea, durante los dos últimos años su Centro Europeo contra el Terrorismo (ECTC) ha recibido cientos de solicitudes de apoyo por parte de distintos países para investigar delitos relacionados con esta red criminal, considerada ya una amenaza global, especialmente por su impacto sobre los menores.
































