Las herramientas falsas de inteligencia artificial se han convertido en uno de los vectores de ataque de mayor crecimiento en 2026. Los ciberdelincuentes están aprovechando el interés de los empleados por las nuevas soluciones de IA para distribuir páginas falsas, extensiones maliciosas y servicios que imitan a herramientas legítimas, pero que en realidad pueden robar datos internos, historiales de conversación, credenciales o información sensible de la organización.

El problema no empieza siempre con un correo malicioso ni con una descarga sospechosa. En muchos casos, comienza con una acción cotidiana: un empleado necesita una herramienta de IA para resolver una tarea, la empresa no se la ha proporcionado o la opción aprobada no cubre sus necesidades, y termina buscando una alternativa en internet. Los atacantes conocen ese comportamiento y preparan páginas falsas para aparecer justo en el momento en que la demanda por una nueva herramienta se dispara.

Según datos citados por Zepo a partir de investigaciones de Kaspersky, en los cuatro primeros meses de 2026 se detectaron más de 33.300 ciberataques contra pequeñas y medianas empresas disfrazados como herramientas populares de IA. La cifra supone casi cinco veces más que en el mismo periodo de 2025 y un 39% más que los ataques camuflados como software de oficina y colaboración.

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El riesgo empieza en una búsqueda

Los atacantes siguen las mismas tendencias que los empleados. Cuando una herramienta de IA gana popularidad, su nombre se convierte rápidamente en señuelo. Los ciberdelincuentes crean páginas de aterrizaje falsas, anuncios patrocinados y extensiones que imitan la apariencia de servicios legítimos para captar a quienes buscan instalar o probar la novedad.

El riesgo es especialmente alto durante las horas o días posteriores al lanzamiento de una nueva herramienta. En ese periodo, la página oficial puede no estar todavía bien posicionada en los buscadores, mientras que las páginas fraudulentas pueden optimizarse rápidamente para aparecer entre los primeros resultados. A esto se suman pequeños anuncios de pago dirigidos a las mismas palabras clave que escribiría un empleado interesado en probar la herramienta.

El usuario no necesariamente actúa de forma imprudente. Muchas veces cree estar accediendo al servicio correcto porque el resultado parece oficial, la página imita la identidad visual del proveedor y la herramienta incluso ofrece funcionalidades reales.

Extensiones falsas que funcionaban como herramientas reales

Uno de los ejemplos más relevantes citados en el informe es el de dos extensiones falsas de navegador que clonaban una herramienta legítima de IA. Ambas fueron distribuidas a través de la Chrome Web Store y, según los investigadores, llegaron a superar las 900.000 instalaciones antes de ser retiradas. Una de ellas alcanzó más de 600.000 instalaciones y llegó a contar con la insignia “Featured” de Google.

El elemento más peligroso es que las extensiones funcionaban. Ofrecían capacidades de chatbot y no mostraban señales evidentes de fraude para el usuario. Sin embargo, en segundo plano enviaban datos a un servidor controlado por los atacantes cada 30 minutos.

Entre la información exfiltrada figuraban historiales completos de conversaciones con la IA, que podían contener código fuente propietario, estrategias internas de negocio y direcciones URL de pestañas abiertas en el navegador. Algunas de esas URL podían exponer tokens de sesión de sistemas internos, aumentando el riesgo de accesos no autorizados.

Una política de IA solo restrictiva puede aumentar el riesgo

El informe plantea una idea clave: este problema no es solo técnico, sino también organizativo. Muchas empresas ya cuentan con políticas de uso de inteligencia artificial, pero en numerosos casos esas políticas se limitan a indicar qué herramientas están prohibidas o cuáles están aprobadas.

El problema surge cuando el empleado necesita resolver una tarea concreta y la herramienta autorizada no le sirve. Si no existe un proceso rápido y visible para solicitar una nueva solución, la búsqueda en internet se convierte en el único camino. Y ese es precisamente el punto que los atacantes están explotando.

MLuz Domínguez
Periodista especializada en ciberseguridad y tecnología. Mi enfoque se centra en analizar mundo de las aplicaciones y la seguridad especialmente en redes sociales. Con un interés constante en informar sobre avances, riesgos y sin olvidar la importancia de la prevención, busco compartir información precisa y comprensible para el usuario.

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