Un nuevo estudio dirigido por la Universidad de Portsmouth ha analizado el funcionamiento de redes de fraude que operan desde centros de llamadas en India y ha llegado a una conclusión especialmente relevante para el sector de la ciberseguridad: muchos de estas ciberestafas no dependen de exploits, malware avanzado ni técnicas complejas de evasión, sino de la manipulación psicológica de la ingeniería social, el uso de herramientas de acceso remoto y la capacidad de generar miedo y urgencia.
La investigación, publicada en el Journal of White Collar and Corporate Crime, pone el foco en una industria criminal que actúa a gran escala y que afecta a víctimas de Norteamérica, Europa y el sudeste asiático. Solo durante el primer semestre de 2025 se confirmaron más de 2,09 millones de casos de fraude, mientras que las pérdidas registradas en Reino Unido alcanzaron los 629,3 millones de libras, según UK Finance.
El estudio demuestra que, pese a la creciente sofisticación del panorama de amenazas, el factor humano sigue siendo uno de los principales vectores de ataque.
Vishing, acceso remoto e impersonación
El patrón observado combina varias técnicas conocidas dentro de la ingeniería social.
En primer lugar, los operadores contactan con la víctima por teléfono o mediante ventanas emergentes que simulan alertas de seguridad. A continuación, se presentan como empleados de una organización legítima, normalmente una empresa tecnológica, una entidad financiera o un servicio de soporte.
Uno de los pretextos más utilizados consiste en hacerse pasar por personal de soporte de Microsoft Windows y advertir de una supuesta infección, actividad sospechosa o fallo grave en el equipo.
La llamada busca crear una sensación de autoridad y urgencia. El atacante asegura que el problema debe resolverse de inmediato y guía a la víctima para que instale una herramienta de acceso remoto.
A partir de ese momento, el fraude deja de ser únicamente telefónico. El atacante consigue una sesión interactiva sobre el dispositivo y puede manipular la pantalla, acceder a aplicaciones, mostrar errores falsos, abrir servicios bancarios o dirigir a la víctima hacia nuevas acciones.
Este tipo de ataque se encuadra dentro del vishing, una modalidad de phishing realizada mediante llamadas de voz.
La tecnología actúa como facilitador
El doctor Paul Gilmour, autor principal del estudio, destaca que la mayoría de estas operaciones no utiliza tecnologías especialmente avanzadas.
No suele haber sistemas sofisticados para modificar el acento, deepfakes de voz ni herramientas complejas de intrusión. El éxito se basa en software legítimo de acceso remoto, telefonía por internet y guiones de conversación bien estructurados.
Desde una perspectiva de seguridad, este punto es importante. La herramienta utilizada puede ser perfectamente legal y habitual en entornos de soporte técnico. El riesgo aparece cuando se emplea fuera de un contexto verificado y bajo el control de una persona desconocida.
Aplicaciones como AnyDesk, TeamViewer o herramientas similares pueden facilitar asistencia remota legítima, pero también son utilizadas con frecuencia en campañas de fraude. El software no es necesariamente malicioso; lo es el contexto en el que se solicita su instalación y el uso que se hace de él.
Una cadena de ataque basada en la confianza
Estas campañas siguen una secuencia reconocible.
El primer paso es el contacto inicial. Puede llegar mediante una llamada, un anuncio, una ventana emergente o un mensaje que invita a llamar a un supuesto número de soporte.
Después comienza la fase de creación de confianza. El operador se presenta como un profesional, utiliza términos técnicos y plantea un problema que la víctima no sabe verificar.
A continuación, introduce presión. Afirma que existe riesgo de pérdida de datos, bloqueo de cuenta, robo de dinero o infección del equipo.
La última fase consiste en conseguir una acción: instalar software remoto, facilitar credenciales, compartir códigos de autenticación, iniciar sesión en la banca electrónica o realizar una transferencia.
La tecnología aparece al final de la cadena. Antes de obtener acceso, el atacante ya ha conseguido que la víctima acepte su autoridad y siga sus instrucciones.
El miedo como principal técnica de explotación
El estudio subraya el uso sistemático del miedo.
Los delincuentes intentan impedir que la víctima tenga tiempo para analizar la situación, buscar información o consultar con otra persona. Para ello utilizan mensajes de urgencia y amenazas implícitas.
Pueden asegurar que el dispositivo está enviando datos, que una cuenta bancaria ha sido comprometida o que se ha detectado una operación ilegal.
También es frecuente que pidan mantener la llamada en secreto, no contactar con el banco o ignorar los avisos de seguridad que aparecen al instalar una aplicación de acceso remoto.
Este comportamiento debe considerarse una señal de alerta. Ninguna organización legítima necesita impedir que el usuario verifique una incidencia a través de sus canales oficiales.
































