Las empresas se enfrentan cada día a millones de amenazas dirigidas contra sus redes, dispositivos móviles y equipos informáticos. El crecimiento del trabajo híbrido, el uso de aplicaciones en la nube y la conexión permanente de empleados y sistemas han ampliado la superficie de ataque y obligado a reforzar la vigilancia de forma continua.

Durante los últimos doce meses, los Centros de Operaciones de Ciberseguridad de Vodafone España han gestionado y neutralizado más de 20 millones de amenazas digitales contra varios miles de organizaciones. La infraestructura protegida incluye sistemas corporativos, puestos de trabajo y 5,5 millones de líneas móviles.

Los datos permiten identificar tres grandes categorías que concentran buena parte de la actividad maliciosa: las webs fraudulentas y el phishing, el ransomware y el malware, y las amenazas orientadas al espionaje y la fuga de información.

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1. Webs maliciosas y campañas de phishing

Las páginas web fraudulentas representan una de las principales vías de entrada a las redes empresariales. En el último año se bloquearon entre 6 y 12 millones de amenazas relacionadas con este tipo de sitios.

Los atacantes suelen crear páginas que imitan portales de correo electrónico, servicios bancarios, plataformas de almacenamiento o aplicaciones corporativas. El objetivo es conseguir que el usuario introduzca sus credenciales, descargue un archivo malicioso o autorice un acceso.

Estas campañas afectan tanto a ordenadores como a teléfonos móviles. Un enlace puede llegar por correo, SMS, aplicaciones de mensajería o redes sociales y dirigir a la víctima hacia una página preparada para robar información.

El phishing se ha vuelto además más personalizado. Los delincuentes utilizan datos públicos sobre la empresa, sus empleados y sus proveedores para crear mensajes más creíbles. Entre las modalidades más peligrosas se encuentra el fraude del CEO, en el que se suplanta a un directivo para solicitar una transferencia urgente o el envío de documentación confidencial.

La defensa frente a estas amenazas combina filtros web, análisis de enlaces, autenticación multifactor y formación de los empleados. Bloquear la página antes de que el usuario pueda interactuar con ella resulta una de las medidas más eficaces para detener el ataque en su fase inicial.

2. Ransomware y otras formas de malware

El ransomware continúa siendo una de las amenazas con mayor capacidad de impacto porque puede paralizar la actividad de una organización en cuestión de minutos.

Los sistemas de seguridad analizados contuvieron entre 150.000 y 300.000 ataques de ransomware durante el último año. A ellos se suman entre 800.000 y 1,5 millones de detecciones de malware convencional.

El ransomware cifra los archivos y sistemas de la víctima y exige un rescate para recuperar el acceso. En muchos casos, los atacantes también roban información antes del cifrado y amenazan con publicarla si la empresa no paga.

El malware convencional puede adoptar formas muy diferentes. Puede servir para robar credenciales, instalar nuevas herramientas, abrir una puerta trasera o conectar el dispositivo con un servidor controlado por los delincuentes.

La detección actual ya no depende únicamente de reconocer archivos conocidos. Los sistemas de aprendizaje automático analizan comportamientos como la exploración de la red, el aumento de privilegios, el borrado de copias de seguridad o la ejecución sospechosa de herramientas legítimas.

Estas señales pueden indicar que un atacante está preparando una campaña de ransomware incluso antes de que comience el cifrado.

3. Spyware, fuga de datos y dispositivos no autorizados

La tercera gran categoría engloba las amenazas orientadas al espionaje, la recopilación de información y la salida no autorizada de datos.

Durante el último año se detectaron entre 500.000 y un millón de amenazas clasificadas como spyware y grayware. El spyware busca recopilar información de forma oculta, mientras que el grayware incluye programas que pueden no ser completamente maliciosos, pero que alteran el comportamiento del sistema o introducen riesgos adicionales.

La fuga de información no siempre se produce desde el exterior. También puede originarse por errores humanos, uso indebido de aplicaciones, cuentas comprometidas o dispositivos físicos no autorizados.

Las herramientas de prevención de pérdida de datos evitaron entre 2 y 6 millones de eventos relacionados con una posible salida de información confidencial. Además, se bloquearon entre 1 y 2 millones de periféricos y soportes de almacenamiento no permitidos.

Memorias USB, discos externos y otros dispositivos pueden emplearse para extraer archivos o introducir malware en una red. Por eso, controlar su uso se ha convertido en una parte esencial de la seguridad corporativa.

 

MLuz Domínguez
Periodista especializada en ciberseguridad y tecnología. Mi enfoque se centra en analizar mundo de las aplicaciones y la seguridad especialmente en redes sociales. Con un interés constante en informar sobre avances, riesgos y sin olvidar la importancia de la prevención, busco compartir información precisa y comprensible para el usuario.

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