La inteligencia artificial está acelerando también las operaciones de los ciberdelincuentes. Un operador de ransomware habría utilizado modelos avanzados y agentes de IA para comprometer una red empresarial en menos de diez horas, un proceso que, ejecutado principalmente por personas, podría prolongarse alrededor de dos semanas.

El incidente, analizado por Unit 42, la unidad de inteligencia y respuesta a incidentes de Palo Alto Networks, resulta especialmente significativo porque la IA no se habría limitado a generar código o proporcionar instrucciones. Los agentes participaron en diferentes etapas de la intrusión: reconocimiento, búsqueda de credenciales, validación de accesos y desplazamiento entre distintos entornos tecnológicos.

De dos semanas a menos de diez horas

La principal diferencia estuvo en la velocidad. La automatización permitió desarrollar diferentes tareas de forma simultánea y adaptar las acciones conforme aparecían nuevas posibilidades de acceso.

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El atacante humano habría mantenido el control estratégico, mientras delegaba buena parte de la ejecución en los agentes. Según explicó posteriormente a los negociadores, los modelos y herramientas agénticas se encargaron de los distintos pasos tácticos.

Unit 42 destaca que para conseguirlo no fue necesario recurrir a una vulnerabilidad zero-day desconocida. La ventaja procedió fundamentalmente de automatizar procesos que tradicionalmente requieren numerosas intervenciones manuales.

Una API pública abrió la puerta a la empresa

La operación comenzó con el reconocimiento de la infraestructura. Posteriormente, los atacantes consiguieron comprometer un endpoint de una API pública y utilizarlo para introducirse en la red corporativa.

Una vez obtenido el acceso inicial, un agente automatizado comenzó a identificar los microservicios disponibles. Paralelamente, otros agentes examinaron repositorios de código buscando información sensible.

El análisis permitió localizar tokens y contraseñas almacenados dentro del código. Esas credenciales proporcionaron nuevas posibilidades para avanzar hacia sistemas de mayor importancia.

Los atacantes terminaron accediendo al sistema utilizado por la organización para administrar sus secretos y consiguieron hacerse con credenciales maestras. De acuerdo con la reconstrucción del incidente, esto terminó proporcionando acceso raíz.

Los agentes comenzaron a moverse entre sistemas

La siguiente etapa muestra hasta qué punto puede cambiar el ransomware con la incorporación de sistemas autónomos. Diferentes agentes especializados comprobaron los permisos disponibles y buscaron nuevas posibilidades de acceso.

La operación alcanzó servicios en la nube, sistemas de identidad, contenedores, aplicaciones SaaS y herramientas de integración y entrega continua.

Los atacantes también comprometieron flujos de trabajo de CI/CD para conseguir claves de acceso a servicios cloud. De esta manera pudieron aprovechar recursos informáticos pertenecientes a la propia víctima después de haber penetrado en su infraestructura.

La estrategia presenta un problema añadido para los equipos de ciberseguridad: determinadas comunicaciones maliciosas pueden mezclarse con operaciones aparentemente legítimas desarrolladas dentro de los sistemas corporativos.

Los atacantes dejaron una auditoría de 80 páginas

El episodio tuvo además un desenlace poco habitual. Después de alcanzar los objetivos establecidos por el operador, uno de los agentes generó una auditoría de seguridad de aproximadamente 80 páginas.

El documento recogía decenas de deficiencias encontradas y aprovechadas durante el ataque. En la práctica, los ciberdelincuentes dejaron a la organización una extensa descripción de algunos de los fallos que habían facilitado la intrusión.

La existencia de esa auditoría no altera, evidentemente, la naturaleza del incidente. Los sistemas fueron utilizados sin autorización y las vulnerabilidades y credenciales localizadas sirvieron para extender el alcance del ataque.

El documento demuestra, sin embargo, otra capacidad de estos agentes: no solamente ejecutar acciones, sino recopilar y estructurar automáticamente una enorme cantidad de información obtenida durante una operación.

La defensa también tendrá que automatizarse

La reducción del tiempo necesario para completar un ataque obliga a replantear la respuesta empresarial. Si una operación que antes podía requerir días ahora puede avanzar en cuestión de horas, depender exclusivamente de procedimientos manuales puede resultar insuficiente.

Palo Alto Networks plantea utilizar mecanismos automatizados capaces de ejecutar simultáneamente diferentes acciones de contención. Entre ellas se encuentran revocar credenciales comprometidas, cerrar sesiones OAuth, congelar pipelines de CI/CD y aislar cuentas cloud.

También recomienda disponer de un inventario actualizado de endpoints asociados a modelos, claves API, integraciones con herramientas de inteligencia artificial y gateways vinculados al Model Context Protocol (MCP).

El principio de mínimo privilegio cobra igualmente importancia. Limitar los permisos asociados a cada identidad puede impedir que el robo de una sola credencial proporcione acceso progresivo a numerosos sistemas.

La vigilancia tampoco puede concentrarse únicamente en servidores y ordenadores tradicionales. API, repositorios, servicios cloud, sistemas de identidad y herramientas de IA forman ahora parte de una misma superficie de ataque.

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