La inteligencia artificial suele contarse desde la abstracción: modelos, capacidades, promesas futuras. Pero detrás de cada avance real hay algo mucho menos visible y más determinante: personas que han entendido el problema desde dentro, en el plano técnico, pero también en el del uso real.

Jorge Macías pertenece a ese perfil poco habitual. Ingeniero de formación y fundador de BuddyBeam, una plataforma de avatares conversacionales construida íntegramente en Europa. Jorge combina el conocimiento profundo de la infraestructura tecnológica con la experiencia directa de construir un producto desde cero. Su mirada no se queda en la superficie del discurso sobre IA: baja a la latencia, a la integración de sistemas complejos y a la experiencia real del usuario.

En esta conversación hablamos de lo que funciona y lo que no en la IA actual, pero también de decisiones personales, de cambios de rumbo vitales y de cómo se construye tecnología cuando se quiere controlar toda la cadena.

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Pregunta: Jorge, estamos viviendo un momento muy interesante en el campo de la tecnología, marcado por cierta euforia alrededor de la inteligencia artificial, y quizás también algo de ruido. Desde tu perspectiva, ¿en qué punto crees que estamos? ¿Hay algún avance que no estemos aprovechando como se merece o al contrario, sobrevalorando?

Respuesta: Estamos en un momento curioso: hay mucho ruido, mucho hype, y a la vez avances reales que la mayoría de empresas todavía no saben cómo aprovechar. Creo que se sobrevalora la IA generativa de texto puro, esa idea de que un chatbot va a resolverlo todo. Llevamos tres años con esa promesa y la realidad es que la mayoría de implementaciones siguen siendo frustrantes para el usuario final.

Lo que para mí está claramente infravalorado es la interacción multimodal en tiempo real. La diferencia entre escribir a un chatbot y hablar con una persona que te mira, te escucha y te responde con naturalidad es abismal a nivel de experiencia y de conversión. Ahí es donde hay una oportunidad enorme que casi nadie está ejecutando bien, porque técnicamente es muy complejo: tienes que orquestar reconocimiento de voz, modelos de lenguaje, síntesis de voz y renderizado facial con latencias por debajo del segundo. No es un problema de prompt engineering, es un problema de ingeniería pura.

P. Hay un punto de inflexión en tu historia personal, un accidente en 2024 que marca un antes y un después, ¿qué cambió en tu manera de pensar que te empujó a crear algo propio?

R. En mayo de 2024 tuve un accidente de coche grave del que salí vivo de milagro. Cuando algo así te pasa, y tienes unos días en los que te toca pensar, te das cuenta de cuánto tiempo llevas en piloto automático. Yo trabajaba como ingeniero de redes, tenía estabilidad, pero estaba construyendo el patrimonio de otra persona con mis horas.

Lo que cambió no fue tanto qué quería hacer, sino el coste de no hacerlo. Antes el riesgo de emprender me parecía altísimo; después del accidente, el verdadero riesgo era llegar a los 60 años habiendo dedicado mi vida a ejecutar la visión de otro. Ahí decidí que iba a construir algo mío, que aportara valor real, y que me diera el control sobre mi tiempo y mi futuro.

“Las webs son interfaces frías. El usuario llega, no encuentra lo que busca en treinta segundos, y se va.”

P. En BuddyBeam desarrolláis avatares fotorrealistas capaces de interactuar en tiempo real, ¿a qué sectores estáis enfocados y cuáles son las problemáticas que estáis resolviendo para las empresas?

R. En BuddyBeam desarrollamos avatares fotorrealistas que interactúan en tiempo real, y la propuesta es sector-agnóstica: cualquier empresa con presencia web puede integrarlo. Hospitalidad, retail, servicios financieros, formación, atención al cliente… El problema de fondo es el mismo en todos: las webs son interfaces frías. El usuario llega, no encuentra lo que busca en treinta segundos, y se va.

Un avatar capaz de conversar, entender contexto y resolver dudas en el idioma del visitante, 24/7, transforma esa experiencia. No reemplaza al equipo humano, lo libera de las preguntas repetitivas y captura conversaciones que de otra forma se perderían. Para el cliente significa más conversión, mejor cualificación de leads y disponibilidad real las 24 horas en más de 20 idiomas.

P. BuddyBeam nació como producto de consumo y luego pivota hacia B2B y B2B2C. ¿Qué viste en el mercado o en tus propios usuarios que te hizo dar ese giro?

R. BuddyBeam nació como app de consumo. Ofrecía buddies con los que cualquier usuario podía charlar, practicar idiomas o hablar de lo que necesitara, en su propio idioma y a cualquier hora. Funcionaba a nivel de producto y la gente que lo usaba tenía conversaciones que de verdad le aportaban algo.

Lo que me hizo replantearme el enfoque fue ver dónde estaba el impacto real. Hablando con usuarios me di cuenta de que muchos venían de contextos donde necesitaban esa interacción porque no la encontraban en otro sitio: una web que no les respondía en su idioma, un servicio al que no podían acceder fuera de horario, una empresa con la que no conseguían comunicarse bien. El problema no era de las personas, era de las organizaciones que no estaban preparadas para atenderlas.

Ahí entendí que la tecnología que había construido encajaba mejor resolviendo ese problema en origen. Si una empresa integra el avatar en su web, miles de usuarios reciben esa atención personalizada de forma natural, sin tener que descargarse nada ni cambiar sus hábitos. En enero de 2026 di el paso al B2B y B2B2C porque era la forma de que la tecnología llegara a más gente y tuviera un impacto más tangible en el día a día.

P. Has decidido no depender de las grandes plataformas y usar servidores europeos con tecnología 100% vuestra. ¿Por qué es tan importante para ti mantener ese control total y qué implica para el cliente? ¿Es una decisión técnica, estratégica o casi ideológica?

R. Las tres cosas, y por ese orden. Técnicamente, depender de APIs externas significa heredar sus latencias, sus caídas y sus cambios de precio. Cuando construyes una experiencia conversacional en tiempo real, cada milisegundo importa, y no puedes permitirte que un proveedor decida triplicarte el coste por token de un día para otro.

Estratégicamente, el stack propio es la empresa. Si lo que construyes es una capa fina sobre la API de otro, no tienes un producto, tienes un intermediario al que pueden sacar del medio en cualquier momento. Tener tecnología propia significa que controlas la hoja de ruta, los costes y la calidad del producto, sin que una decisión ajena te cambie el negocio de un día para otro.

Y sí, hay una parte ideológica. No me parece sano que toda la infraestructura de IA del mundo dependa de tres compañías americanas. Construir alternativas europeas viables no es nostalgia, es una cuestión de soberanía tecnológica.

P. A veces se romantiza el emprendimiento y no siempre se habla del proceso (interno y externo). ¿Qué ha sido lo más complicado de construir desde cero, más allá de la tecnología?

R. La soledad de las decisiones. La parte técnica, por compleja que sea, tiene respuestas: o el código funciona o no funciona. Pero decidir si pivotar o aguantar, si bajar precio para cerrar un cliente o mantenerlo y arriesgarte a no facturar ese mes, si invertir el ahorro en un servidor o guardarlo… eso lo decides solo, sin manual y sabiendo que te juegas meses de trabajo.

Y la gestión emocional del rechazo. Mandas cien correos, te contestan tres, te dicen que sí dos, y al final firma uno. Ese ratio es normal, pero interiorizarlo sin que te afecte la autoestima cuesta. Compaginarlo además con el trabajo de ingeniero de redes, escribiendo propuestas a las once de la noche después de un turno, ha sido lo más duro. Mucho más que cualquier bug.

perfil de Jorge macias dominguez en mypublicinbox
Perfil de Jorge Macías en MyPublicInbox

P. ¿Qué consejo le darías a alguien que quiere construir algo propio pero no se atreve a dar el primer paso?

R. Que el primer paso no es dejar el trabajo, ni montar una sociedad, ni levantar inversión. El primer paso es validar que existe alguien dispuesto a pagar por lo que tienes en la cabeza. Antes de escribir una línea de código o registrar una marca, habla con diez clientes potenciales. Si no consigues que ninguno se interese, has ahorrado meses de trabajo. Si tres se interesan, ya tienes más de lo que tiene la mayoría cuando lanza.

Y algo que me hubiera gustado entender antes: no esperes el momento perfecto, porque no llega. Yo empecé compaginándolo con un trabajo a tiempo completo, y eso es perfectamente válido. La épica del fundador que lo deja todo y se la juega vende muy bien en redes, pero en la práctica casi nadie construye así.

“El primer paso no es dejar el trabajo, ni montar una sociedad, ni levantar inversión. Es validar que alguien pagaría por lo que tienes en la cabeza.”

P. ¿Hacia dónde crees que va la relación entre humanos e inteligencia artificial? ¿Veremos avatares como los vuestros en lugares que ni siquiera nos imaginamos ahora?

R. Vamos hacia una integración mucho más natural y mucho menos visible de lo que la gente imagina. Hoy la IA es una pestaña en el navegador, una app que abres conscientemente. En cinco años va a ser la capa de interacción por defecto en cualquier interfaz: tu portal del banco, la web del ayuntamiento, el escaparate digital de una tienda en el centro, la pantalla del coche.

Los avatares concretamente van a estar en sitios donde hoy parecería raro: recepciones de hoteles que no necesitan personal de noche, consultas médicas iniciales para triaje, formación técnica personalizada en empresas, embajadores de marca que hablan los 20 idiomas de tus clientes… La pregunta no es si va a pasar, sino quién va a controlar esa capa. Y ahí es donde me parece crítico que existan empresas europeas con tecnología propia compitiendo de tú a tú.

Puedes ver su perfil completo y ponerte en contacto con Jorge en su perfil de MyPublicInbox

https://www.mypublicinbox.com/jorgemaciasd

Mónica Valle
Periodista especializada en seguridad informática y tecnología. Cofundadora y directora editorial de Bit Life Media, web dedicada a la actualidad de la tecnología, ciberseguridad e innovación. Presentadora de eventos y ponente especializada en seguridad informática y concienciación. Autora de "Ciberseguridad, consejos para tener vidas digitales más seguras".

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