Las noticias falsas y la desinformación son peligrosas (y sutiles) armas que están siendo usadas en estos momentos con muy diversos objetivos. La enorme cantidad de información a la que estamos expuestos cada día hace cada vez más complicado para el usuario llegar a distinguir qué es real y qué no. Pero eso no significa que no debamos intentarlo, al menos. Es nuestra responsabilidad como usuarios hacer el esfuerzo de ser críticos, verificar y contrastar que lo que estamos viendo, leyendo o escuchando es cierto.

La comodidad es uno de los mayores peligros en este sentido. Una comodidad que, por otro lado, nos han brindado precisamente internet y las nuevas tecnologías, que se convierten en este sentido en un arma de doble filo. Cuando llega a nosotros un titular sorprendente, una imagen llamativa y casi increíble… Tenemos que preguntarnos cuánto de verdad hay en él.

Es ya bien conocido el estudio realizado por el MIT, el Instituto Tecnológico de Massachusetts, The spread of true and false news online, en el que se revelaba que este tipo de informaciones tienen hasta un 70% más de probabilidades de ser compartidas que las verídicas. Y el motivo es que éstas son más sorprendentes y llamativas que las reales. Lo que significa que nosotros, como usuarios, tenemos mucho que decir en este aspecto.

Puede parecer tedioso, y un gran esfuerzo teniendo en cuenta la gran cantidad de información que nos llega. Pero si esta información es parcial, incompleta, falsa o está influida por algoritmos, «como resultado tememos una burbuja de filtros, una visión distorsionada del mundo en base a la que tomamos nuestras decisiones. Si no hay verdad no hay libertad«. Así lo explicaba Ángel Gómez de Ágreda, coronel del Ejército del Aire y autor de Mundo Orwell (Ed. Ariel) durante la jornada organizada por la Alianza Española de Seguridad y Crisis (AESYC), entidad colaboradora de la Universidad de Alcalá de Henares, centrada reflexionar acerca de las noticias falsas.

El experto insistía en la necesidad de «ser más proactivos en la búsqueda de la verdad», llamando la atención sobre la realidad que está ocurriendo en plataformas online como son las redes sociales, en la que no solo recibimos noticias falsas, sino que además la información nos llega sesgada. «La gente no quiere oír lo que no quiere escuchar», apuntaba Gómez de Ágreda, añadiendo que «nos llegan las noticias seleccionadas según nuestros intereses y establecidos por algoritmos».

La pregunta del encuentro era Fake News ¿Combatir o aprender a convivir?, una cuestión con difícil respuesta, en la que quizás debamos responder: ambas. Combatirlas, por supuesto, con los medios de los que disponemos, aún insuficientes. Y aprender a convivir con ellas porque son una realidad, por eso aprender a detectarlas y a cuestionar la información que nos llega es cada vez más importante.

Una cuestión en la que estuvieron de acuerdo el resto de participantes de la jornada de AESYC, Francisco González Paz, responsable de comunicación de Sareb, Luis Serrano, Director General de Sr. Lobo & Friend, Julio Montes, cofundador de Maldita, el experto jurista Alonso Hurtado, Enrique Cubeiro, Jefe del Estado Mayor del Mando Conjunto de Ciberdefensa y servidora.

Las noticias falsas, como suele decirse, no son nuevas, ni mucho menos. Existen mucho antes de que apareciese internet… Si bien es cierto que la conectividad actual ha facilitado una expansión mucho más rápida y global de estas no-noticias.

La tecnología está evolucionando para ser una ayuda en este sentido, en una batalla en la que la inteligencia artificial combatirá la desinformación provocada por otra inteligencia artificial, como pueden ser los deepfake que solo acaban de despegar.

Hasta entonces (si llega), el sentido crítico, no dejar que otros verifiquen todo por nosotros y ser proactivos serán algunas de las mejores armas para combatir en la guerra de la información.

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